sábado, 21 de enero de 2012

La Trova

oye la trova del pecho mío,
oye los ecos de mi oración.
¡Óyeme, Madre! oye este canto
que ardiente brota del corazón.
Cuando en las horas de lucha horrenda,
cuando en mis ansias en mi aflicción
tu auxilio invoque, tu amor demande,
no me abandones, no Madre, no.

Para mí ya no existen las galas,
ya no tiene perfume la flor.
Sólo miro tristezas doquiera
porque lloro, perdido mi amor.
Para siempre perdí la esperanza
de poseer al amor de mi alma,
Madre mía volvedme la calma,
que me abruma tan fiero dolor.

¡Oh, Pastora que del cielo miras
las desgracias y enjugas el llanto
compadece mi triste quebranto
y mi alma se eleve hasta ti.
Madre mía, ten piedad de mi.
¡Oh, Pastora! ¡Madre mía!
ten piedad de mí.


Patricio Beneyto
Siglo XIX

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