miércoles, 4 de septiembre de 2013

La Década de Oro Pastoreña. La Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana entre 1999 y 2009

Antecedentes (1990-1999)

El 21 de mayo de 1995, durante la procesión extraordinaria conmemorativa del CCLXXV aniversario fundacional, la Divina Pastora de las almas recibió en la calle Martin Rey, la primera medalla de oro de la Villa de Cantillana.
Si hay unos años en los que mirarnos para tomar ejemplo de la forma de encauzar y concebir la hermandad actualmente, son aquellos que se sucedieron entorno a las celebraciones del año jubilar 2000, el 50 aniversario de nuestra romería en 2002 y el III centenario de la devoción pastoreña en 2003, así como la etapa posterior a este último; todos ellos configuran una autentica Edad de Oro de nuestra institución. Fueron los años en los que Antonio Castaño Villalón fue hermano mayor, que durante sus doce años de mandato supo llevar a la hermandad muy alto.

Esta brillante etapa tuvo unos antecedentes que analizaremos a continuación y que nos llevan a las dos últimas décadas del siglo XX, en las que la hermandad pasó del antiguo y obsoleto sistema de gobierno heredado de las primeras reglas, los decretos y la tradición, a una forma más reglamentaria, oficial y actual, conforme a las disposiciones en vigor del arzobispado de Sevilla y la redacción de unas nuevas reglas.
En 1980, un decreto del Cardenal Bueno Monreal había obligado a actualizar las antiguas reglas de la hermandad de 1805 y a que la institución dejara de ser regida exclusivamente por señoras, como venía haciendo desde orígenes. En ese momento se formaliza una junta gestora de hermanos varones, presidida por Antonio Solís Sáenz de Tejada, con el propósito de elaborar las actuales reglas. En aquella gestora se integraron hasta 15 hermanos que componían la antigua comisión de festejos, encargada de organizar todo lo concerniente a las fiestas fuera de los cultos.

Por razones que no vienen al caso, esta gestora, que debía haber estado en vigencia de forma transitoria, sólo varios años, prolongó su gestión nada menos que diecisiete. Así llegamos a 1997, cuando aprobadas definitivamente las nuevas reglas, se organizan las primeras elecciones democráticas de la historia de la hermandad pastoreña, de las que sale elegido, con amplísimo respaldo AntonioCastaño Villalón, primer hermano mayor democrático de la misma en sus casi tres siglos de existencia.

Antes, en los inicios de los 90 tuvo lugar un hecho, entonces casi irrelevante, que condicionaría sobremanera la trayectoria y auge de la hermandad en las próximas décadas y que sería decisivo para propiciar la etapa de esplendor vivida por la institución entre los últimos años del XX y los primeros del nuevo siglo. Este hecho fue la creación de un nuevo grupo joven, formado por unos cuantos pastoreños con poca edad pero con grandes inquietudes y muchas ganas de trabajar por el bien de la hermandad.

El primer cartel anunciador del día de la Virgen
lo editó en 1994 el grupo joven.
Aglutinados por Florencio Arias Solís, que aunque entonces no pertenecía a la junta gestora, sí era cercano colaborador, este carismático grupo de chavales comenzó oficialmente su andadura en 1991, formado por Antonio José Castaño López, Francisco Manuel Castaño López, Francisco Manuel Durán Gallardo, Jesús Carlos Calero García, José Antonio Calero García, Luis Manuel López Hernández, Jesús Barrera Delgado, Rafael Burgos Ortiz, José María de la Hera Sánchez, Manuel Alés Reina, Francisco Guijo Lagares y Paco Rodríguez Castaño. Al poco tiempo se les unieron Juan Antonio Núñez Lucena, Antonio Salguero Rivero, Cristina Sarmiento Solís, Soledad Maqueda Díaz y algunos más. Así se desprende de la primera acta levantada de fecha 29 de febrero de 1992, que se conserva en el curioso libro de reglas de aquel grupo joven, donde quedan registrados siete años (1991-1998) de la historia de la hermandad, de forma mucho más completa que incluso en el archivo oficial de la misma.

Ya en aquel 1990, estos jóvenes dieron las primeras muestras de su actividad en la decoración de la calle Martin Rey, donde se recuperaron para las fiestas pastoreñas los antiguos exornos de papel, y en la confección de las carretas de la romería. Poco tiempo después ya el grupo apuntaba maneras y se reunían periódicamente, en la antigua casa-hermandad, una vez al mes, como mínimo, para tratar asuntos y llegar a acuerdos, levantando actas de cada sesión y nombrando sus propios presidente, secretario y tesorero, para una mayor organización y mejor funcionamiento del grupo, algo digno de elogiar si se tiene en cuenta que ni la propia junta gestora, que regía entonces la hermandad, lo hacía de esa forma. 

A este entusiasta grupo de jóvenes ―que en años posteriores se integraron en la junta de gobierno―  se le deben, entre otras muchas cosas de aquellos años: la organización de los traslados de la Virgen de la forma que actualmente se realizan o la solemnidad de la procesión Eucarística del último día de novena; el juego de seis sotanas, sobrepellices y esclavinas, para los monaguillos de la Hdad. inspiradas en las antiguas; electrificación de las tres campanas de la ermita; elaboración del grueso expediente del título de Real para la Hdad.; ejecución del actual estrado para la coronación de las romeras; elaboración de las 12 banderas (cuatro pintadas con escudos) de la torre; el inicio de la decoración extraordinaria, con arcos y guirnaldas de papel picado y flores, de la calle Martin Rey; algunos arcos para las calles; la edición del cartel del día de la  Virgen; la recuperación de las moñitas del 8 de septiembre; la restauración del Simpecado primitivo de la Pastora; el montaje del Belén de la Ermita o del altar del Corpus ―siendo la primera hermandad de Cantillana que monta un altar al paso de Jesús Sacramentado―; Se fomentó la Caridad y la participación de los hermanos en los cultos, especialmente en el Rosario de la Aurora y se le abrieron las puertas a más hermanos jóvenes, deseosos de colaborar y engrandecer la hermandad.

Algunos componentes del grupo joven de la Hermandad en los
primeros años de la década de 1990.
Toda esta actividad frenética e imparable, de estos jóvenes ambiciosos y con muchas ganas de convertir la hermandad en todo un referente, tuvo un momento álgido o supuso más bien el inicio de una nueva etapa, en el inolvidable año 1995. Ese año crucial para la hermandad, en que se restauró la imagen de la Santísima Virgen por el catedrático Francisco Arquillo, y se le devolvió su estado original, adulterado por la pésima restauración de Peláez del Espino de 1978, de triste memoria, fue también el año de la conmemoración del 275 aniversario fundacional de la Hermandad Pastoreña y el Ayuntamiento de Cantillana concedió a nuestra Pastora Divina la primera medalla de oro de la Villa de Cantillana.

La hermandad, tenía ya las miradas puestas en la conmemoración de este aniversario en 1994 y preparaba los actos y cultos extraordinarios que se iban a celebrar con este motivo. El mismo grupo joven elaboró un programa de celebraciones del aniversario que propuso a la junta gestora y del que se tuvieron en cuenta distintas propuestas. El 29 de diciembre de 1994 tuvo lugar delante del camarín de la Divina Pastora un Cabildo General Extraordinario para exponer la urgente restauración de la imagen, acordándose por unanimidad, una vez conocido el informe técnico emitido por el catedrático de la Universidad de Sevilla Francisco Arquillo Torres. En enero, coincidiendo con el triduo que la hermandad dedica a su hermano mayor perpetuo, el Beato Marcelo Spínola, los pastoreños despidieron a  su Pastora que fue trasladada al taller de Arquillo para proceder a su restauración.

Por aquellos días de finales de enero, los pastoreños estallaban de gozo al conocer la noticia de que el 27 de enero de 1995,  el pleno del ayuntamiento de Cantillana concedía a la imagen de la Divina Pastora la primera Medalla de Oro de la Villa, con motivo del aniversario fundacional y en gratitud de los favores y las gracias dispensadas a lo largo de la historia a los cantillaneros como Reina y Protectora.

En abril de ese año, la Divina Pastora volvió de su restauración, siendo recibida en la iglesia parroquial con una celebración eucarística en Acción de Gracias. Nunca estuvo la parroquia más llena de fieles que ese día, el pueblo en masa se traslado a la iglesia para recibir a la Virgen. De una forma sencilla y sin estridencias la Pastora fue devuelta al culto, y tras la Misa, fue expuesta en devoto besamanos, siendo también el más multitudinario que se recuerda.

La hermandad de la Divina Pastora fue la primera corporación
de Cantillana en instalar un altar en la procesión del Corpus,
gracias a aquel mítico grupo joven.
El 29 de abril, era inaugurada y bendecida la casa hermandad de la calle Juan Ramón Jiménez, hasta el momento muchos enseres de la Hermandad estaban distribuidos en casa de algunos hermanos, de esta forma, además de contar con una sede propia, todos eran guardados en el mismo lugar. Seguidamente se procedió a presentar el cartel extraordinario editado con motivo del aniversario y que realizó José Antonio Rodríguez Hidalgo.

El domingo 14 de mayo, en la iglesia parroquial, ya aparecía la Divina Pastora en el altar mayor como es costumbre para los cultos anuales de mayo, y ante su imagen,  el poeta sevillano Aurelio Verde Carmona pregonó el aniversario, actuando la banda de música Ntra. Sra. de las Nieves de Olivares.
El miércoles 17 de mayo, dio comienzo el triduo que en la ocasión fue predicado por D. Enrique Carrasco Zamudio, entonces párroco de Ntra. Sra. de la Estrella de Coria del Río y que anteriormente fue párroco de Cantillana y director espiritual de la Hermandad, el ministro provincial de la orden capuchina, fray Alfonso Ramírez Pedraja se encargó de oficiar la Santa Misa, este primer día fue dedicada a la orden capuchina, y fue amenizada por el coro de la Hermandad al igual que el resto de los cultos.

El segundo día del triduo, estuvo dedicado a las instituciones parroquiales y fue oficiado por D. José Capitas Duran, párroco de Cantillana en aquel entonces. EL viernes 19, último día del triduo, se dedicó a las Hermandades locales que asistieron en su totalidad y participaron en el Santo Rosario por las calles de la Villa que se organizó una vez finalizado el triduo, en esta ocasión, la Santa Misa fue oficiada por D. Fernando Isorna Jiménez, delegado de hermandades de la archidiócesis de Sevilla.
Especial interés tuvieron los vecinos en engalanar el pueblo en estos días, multitud de calles estrenaron nuevas banderitas con los colores de España, sobre todo por aquellas por donde pasaría la Virgen en la procesión extraordinaria,  también muchos balcones estrenaron colgaduras de damasco, prueba todo ello del entusiasmo y la ilusión de los pastoreños en esta esfemérides. El mismo grupo joven promovió y fomento todo esto, y se encargó de poner en la calle Martin Rey uno de los arcos de las entradas en el lugar donde se le iba a imponer a la Virgen la Medalla de Oro de la Villa.

El cartel del 275 aniversario, realizado
por J. Antonio Rodríguez Hidalgo.
El sábado 20 de mayo, a las ocho y media de la tarde tenía lugar la Solemne Función principal que fue presidida por el Excmo. Sr. Arzobispo de Sevilla, fray Carlos Amigo Vallejo. Asistieron las hermandades pastoreñas de diferentes lugares de Andalucía y tras la misma se efectuó la Procesión con el Santísimo Sacramento y la bendición solemne con S. D. M.
La mañana del 21 de mayo amaneció en Cantillana como si otro día 8 de Septiembre se tratara, infinidad de tracas y cohetes levantaba a los cantillaneros y los predisponía a la celebración de un jubiloso día. Muchos se trasladaron a la carretera para recibir como antaño a los añorados “caballos”,  en esta ocasión el escuadrón de caballería de  la Hermandad de la Paz que recorrería las principales calles del pueblo siendo agasajado en muchas de ellas con convites de los vecinos, grandes aplausos y vivas que fueron levantando por todo el recorrido, pues los caballos fueron indispensables en las fiestas de principios y mediados del siglo XX y muchos pastoreños añoraban su participación en la misma.

A las diez de la mañana daba comienzo el besamanos a la Divina Pastora y la ofrenda de flores de los niños vestidos de pastorcitos como es costumbre, este se prolongo hasta las dos de la tarde.
A las seis de la tarde, ante una gran muchedumbre, aparecía por las puertas de su Parroquia la Divina Pastora, tras muchísimos años sin lucirlo, llevaba un “llorón” como árbol mientras que el Divino Pastorcito estrenaba un nuevo atuendo con unas calzas bordadas en oro que llamarón poderosamente la atención y son las que actualmente utiliza para salir. Muchos foráneos acompañaron a la Divina Pastora que fue vitoreada como de costumbre por todo el recorrido levantando los sentimientos más profundos de sus devotos. El escuadrón de caballería de la Paz abría la procesión, y la banda de las Nieves de Olivares seguía el Paso de la Divina Pastora que discurrió por un itinerario inédito, diferente al habitual: Calle de la Iglesia, Severo Ochoa ―actual Cristo de la Misericordia― Juan Ramón Jiménez  ―pasando por delante de la flamante casa-hermandad― Miguel de Cervantes y Plaza de Meléndez Pelayo (cuesta y plaza del Sindicato).
Seguidamente entraba en Martin Rey donde se había levantado un estrado con enorme repostero con el escudo de los Condes de Cantillana, delante de la casa de Rosario Morejón, y en el centro de la calle, un arco de triunfo, bajo el cual se colocó el paso de la Pastora para el momento de la imposición de la medalla. Tanto el diseño de la medalla de oro de la villa como el pergamino de concesión, fueron realizados por Luis M. López Hernández, un joven pastoreño del grupo joven, que ya empezó a despuntar por sus cualidades artísticas al servicio de la Divina Pastora y su Hermandad, para la que realizaría con los años una impagable labor artística, organizativa y cultual.

Y llegó la Virgen, al son de Campanilleros, irradiando belleza y luciendo el sombrero de malla de oro y pedrería que reestrenaba para la ocasión. No le faltaron los clamorosos "vivas" con que sus hijos la piropean siempre. Pudo llegar el paso entre la multitud al lugar donde se iba a efectuar la imposición de la medalla. Allí la esperaban las autoridades de Cantillana. Y allí ocurrió todo. Se hizo silencio y el señor alcalde comenzó a pronunciar el siguiente discurso, que no pudo terminar de leer:
Pergamino de la concesión de la primera
medalla de oro de la Villa a la Divina
Pastora de las almas.

"Señor hermano mayor, junta de gobierno, hermanos y devotos de la Divina Pastora, cantillaneros: el Ayuntamiento de Cantillana, aquí representado, acordó por unanimidad, en sesión plenaria celebrada el pasado día 27 de enero, conceder la Medalla de Oro de la villa a esta querida imagen de la Divina Pastora, con motivo del 275 aniversario de la fundación de su hermandad. Con ello se quiere testimoniar, de alguna manera, el cariño y la veneración que miles de cantillaneros le tienen a esta imagen de la Madre de Dios. Imagen entrañable y sencilla ante la que nadie puede sentirse rechazado. Todos, en alguna ocasión, hemos vuelto nuestra mirada hacia Ella y hemos sentido su protección alguna vez. Al poner hoy, junto a su cayado, la Medalla de Oro de Cantillana, el Ayuntamiento, expresando el sentir de todos sus hijos, le agradece sus cuidados de Pastora y le pide que siga siempre guiando y protegiendo a su pueblo".

A la mitad de estas palabras, el señor alcalde se desplomó debido al desmayo que le produjo un derrame cerebral. Entonces, el primer teniente de alcalde hizo entrega de la medalla al hermano mayor quien, en pocas y apresuradas palabras agradeció dicha distinción. Terminadas las mismas, el hermano mayor impuso la Medalla de Oro a la Virgen ante la gran emoción de su pueblo. Era la Primera Medalla de Oro que se imponía, como había sido la primera en solicitarse y la primera en concederse, hecho que queda probado en la concesión oficial firmada por el Sr. Alcalde-Presidente. Mientras, el alcalde era atendido en la casa de Rosario Morejón por médicos allí presentes y, espiritualmente, por el padre Rejos. Salió entonces la Pastora de Martín Rey a toda prisa, a paso de tambor. La fiesta, el entusiasmo y la alegría se velaron por lo ocurrido y la tarde se tiñó de incertidumbre. Siguió la procesión su itinerario previsto hasta llegar a la parroquia sobre las doce de la noche donde, a su entrada, fue despedida la Divina Pastora con una lluvia de flores.

Juan Palomo Reina pintó el cartel de la Romería de 1995.
Horas más tarde, el alcalde fallecía. Nadie se podía imaginar que aquella tarde ocurriese lo que ocurrió. Al ofrendarle la medalla a la Virgen no pudo terminar su discurso, pero los hechos hablan por sí solos. Fue lo último que hizo siendo alcalde, lo último que hizo en su vida. No lo pudo decir ni pensarlo, pero así ocurrió. En la mano izquierda de la Virgen, junto al báculo con que nos guía, está la medalla. Representa a la villa de Cantillana, la devoción que sus hijos le profesan desde que, en 1720, fray Isidoro de Sevilla y sus parientes los Condes de Cantillana fundaran la Hermandad en este pueblo, y es el reconocimiento de su protección en los casos de calamidad como la epidemia de fiebre amarilla de 1800, que este año recordamos.

Y así llevará a Cantillana en sus manos, la que es su Reina y Protectora, como siempre ha sido. Pero, desde aquella tarde, de una manera muy especial. Lo hizo el señor alcalde, sin decirlo, sin pensarlo, sin saberlo. Antes de morir, depositó su puesto de alcalde y la villa de Cantillana en las manos de su Divina Pastora.


Los actos de 275 aniversario continuaron durante el resto del año. En septiembre, las fiestas mayores también revistieron carácter especial. La novena la predicó D. longinos Abengózar Muñoz (Párroco de Aracena) y la Santa Misa de Romeros estuvo presidida por el obispo de Córdoba Infantes Florido. En noviembre se organizó en el salón bajo de la casa-hermandad, una exposición fotográfica de los fastos de todo ese año aniversal y en Navidad, una de imágenes de Niños Jesús e iconografía navideña.
La clausura del aniversario fundacional tuvo lugar en los cultos de mayo del año siguiente, 1996, para lo que celebró la función solemne de la fiesta de la Madre del Buen Pastor, el obispo emérito de Pamplona monseñor Cirarda Lachiondo, que se hizo hermano y reforzó así los antiguos vínculos suyos con la hermandad, pues fue él quien bendijo, en 1960, la ermita de la Divina Pastora, cuando era obispo auxiliar de Sevilla.


Tras la aprobación de las Reglas, en 1997, tenía lugar por primera vez en la historia de nuestra corporación un proceso electoral en el cual fue elegido por un amplísimo respaldo D. Antonio Castaño Villalón como hermano mayor.  El 26 de abril de 1998 tomaban posesión los nuevos miembros de la Junta de gobierno, en el trascurso de una Eucaristía cantada por el coro de la Hermandad.

Portada del 3º número de Cantillana
y su Pastora, editado en 1998.
Constituida la Junta de gobierno, emprende varios proyectos entre ellos es reseñable la recuperación de las coplas antiguas de la novena que durante los cultos de mayo volvieron a ser interpretadas por un tenor.
Importantísima fue también la recuperación de una publicación anual con motivo de las fiestas mayores. La revista Cantillana y suPastora, nacida en 1947, llega en su tercer número a todos los hermanos en los prolegómenos de las fiestas de 1998. Con esta publicación se abre un lugar donde informar a los hermanos de la actualidad de la corporación, divulgar las fiestas y características de la Hermandad, así como recoger interesantes artículos de investigación en los cuales los hermanos tienen acceso a un conocimiento profundo de la historia de nuestra devoción.

El hecho de volver a editar Cantillana y su Pastora, se puede calificar como el gran logro de la hermandad en 1998, y con ella se cubría una necesidad de un medio eficaz de comunicación entre los hermanos.
En 1999, terminadas las fiestas con el mismo esplendor que las caracteriza, el día 4 de Diciembre era bendecido en el Santuario de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias de la Hermandad de los Gitanos en Sevilla, un gran lienzo de la Divina Pastora. La multitudinaria Eucaristía, oficiada por el capellán del templo y cantada por el coro de la Hermandad contó con la presencia de cientos de cantillaneros que se trasladaron a la capital en seis autobuses.


Con estos acontecimientos, y numerosos estrenos materiales que irían engrandeciendo la Corporación, nos encaminábamos a vivir el año jubilar de 2000, año plagada de importantes efemérides como el CCL aniversario de la muerte del Padre Isidoro de Sevilla, el II Centenario de la intervención milagrosa de la Divina Pastora en la fiebre amarilla, el I centenario de la visita del Beato Spínola para nuestras fiestas mayores, y el L aniversario del voto de la Realeza de María. 
La primera medalla de oro de la Villa de Cantillana en las
manos de la Divina Pastora, fue concedida por el Excmo.
Ayuntamiento el 27 de enero de 1995 e impuesta el
21 de mayo se ese mismo año.

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