Desde que el 8 de septiembre de 1703 fray Isidoro de Sevilla presentara por primera vez la iconográfica de la Divina Pastora, infinidad de talleres artesanales expandieron su representación de modo fugaz y masivo. Aunque éstos siguieron las directrices fundamentales que el venerable capuchino estableciera, implantaron ciertas variaciones iconográficas que alteraron su carácter primitivo, bien por afinidades propias del taller o por indicación de sus promotores. Fray Isidoro se alegraba de la rápida y extensiva difusión de la iconografía mariana de la que era su ferviente promotor. No obstante, las variaciones que se fueron implantando nunca le resultaron agradables, es más, fueron denegadas tajantemente por la Orden Capuchina, como queda testimoniado en las Actas Capitulares de 1742:
En vista de un memorial, que presentó el reverendo padre fray Isidoro de Sevilla, en que suplicaba que las imágenes de la Divina Pastora se hiciesen y pintasen conformes a su primitiva institución, se mandó expedir a todos los conventos, para que ningún religioso, con pretexto de devoción o por cualquier título, no pintare imágenes ni las hiciere de talla prelado alguno con Niño, con rosario ni con escapulario, sino que se arreglasen a su primitiva institución, según y conforme la inventó dicho reverendo padre fray Isidoro de Sevilla.
El iniciador de la devoción pastoreña exigía que toda representación de la Divina Pastora siguiese iconográficamente la que llevó en sus misiones el capuchino Luis de Oviedo, quien tomara como modelo la primitiva que dictaminase fray Isidoro en 1703 y que plasmase por escrito en La Pastora Coronada y en La mejor Pastora Asunta. En 1742, aclaró en una biografía sobre el citado misionero todos los elementos característicos de la iconografía pastoreña.
Despues de más de tres siglos de devoción pastoreña, queremos recordar aquellos grafismos iconográficos que, rozando la obsesión, fray Isidoro siempre defendió como los propios y únicamente viables de la advocación mariana que tanto misionara. No menos intrigante y de crucial importancia resulta evocarlos y analizarlos al contemplar la bendita imagen de la Divina Pastora de Cantillana. Debemos preguntarnos si esta imagen, atribuida a Ruiz Gijón o a su círculo más cercano, responde a las exigencias marcadas por quien fundara, allá por 1720, la hermandad pastoreña del condado de los Vicentelo de Leca. Hemos contrastado con la imagen de Cantillana las características iconográficas marcadas por las tres obras anteriormente citadas, método comparativo que nos ha sorprendido y del que pueden deducirse hipótesis bastantes sugerentes para la historia de la Hermandad.

►Sentada en una peña, rasgo que encarna perfectamente la imagen de Cantillana.
►Rodeada toda de ovejitas, que cada una tiene en la boca una rosa hermosísima. La oveja que siempre estuvo a la diestra de la imagen de la Divina Pastora, posición fiel a las representaciones primitivas, posee un pequeño orificio en la zona labial derecha para facilitar la ubicación de la rosa que, según fray Isidoro, debe pender de su boca. En estos últimos años se ha recuperado felizmente este detalle iconográfico, imprescindible para comprender la advocación pastoreña, ya que representa las Ave María que la grey lleva en oración a la Divina Pastora y que no son otras más que las que fluyen de los rosarios públicos con que fray Isidoro expandiera la devoción pastoreña. Por eso, estas rosas oferentes reflejan el germen fundacional de nuestra hermandad, es decir, el Rosario.
► En su correspondencia tiene la imagen en la izquierda mano también una rosa, dando a entender que va recibiendo las que sus ovejas le ofrecen. La mano izquierda de la imagen de la Divina Pastora de Cantillana soporta el cayado, acompañado por un ramo de flores, normalmente rosas. Al tratarse de una talla y no de una pintura, estas rosas no fueron incluidas en la imagen, como en el caso de la Pastora de Santa Marina, o de tantas otras, en las que fue siempre costumbre colocarles en la mano izquierda un ramo de flores naturales o confeccionadas. Sin embargo, la postura de la mano de la imagen de Cantillana no concuerda con la de las representaciones primitivas, donde aparece girada para sostener las rosas. La imagen de Cantillana no gira la mano, sino que la mantiene firme para sostener las flores y el cayado. Aunque pueda parecernos un mínimo detalle, cabe preguntarnos por qué esta imagen no adoptó la forma de las primitivas representaciones. La respuesta la hallamos mediante un análisis comparativo profundo y minucioso de dos fotografías anónimas bastante reveladoras. Se trata de las primeras que hay constancia, una de 1865 y otra de 1885, las únicas que nos permiten observar el estado de la mano izquierda de la talla, puesto que en las restantes fotografías de la imagen por las mismas fechas, dicha mano se encuentra tapada por el típico ramo de flores junto al cayado. En estas dos fotografías la mano izquierda se encuentra girada hacia dentro.
Aunque la mayoría de las pinturas primitivas adoptan el giro hacia fuera, encontramos también pinturas del siglo XVIII que adoptan el giro de la mano hacia dentro como la imagen de Cantillana. En posteriores fotografías como la de 1905, observamos que la mano izquierda de la imagen había adquirido definitivamente la forma que actualmente posee para adaptarse mejor al sostén del cayado. La comparación efectuada denota los mismos caracteres en la flexión, curva y separación de cada uno de los dedos, lo que nos lleva a deducir que no se trata de otra mano sino del leve cambio de posición de la misma. No estaría de más caer en la cuenta de que si la Imagen de Cantillana, tuviese la mano girada hacia fuera como la mayoría de las pinturas primitivas, tendría problemas en la ubicación del cayado, pues tropezaría con la pierna izquierda. Debemos pensar que la posición del giro en las imágenes no debió ser tan relevante como en las pinturas, de hecho fray Isidoro no especificó la posición de la mano, tan solo especificó que dicha mano debía mantener las rosas indicadas.
►La Mano derecha la tiene puesta con gran cariño sobre la cabeza de un Cordero que representa a su Santísimo Hijo. Creemos que la oveja que acompaña a la Imagen de Cantillana debe ser la primitiva del conjunto, como al menos nos indica las primeras fotografías de las que hay constancia o la estrella que aparece sobre su cabeza, elemento fiel a los deseos de fray Isidoro, al señalar a su portador como el Cordero de Dios. Para fray Isidoro este Cordero representa al Cristo Total del Apocalipsis, y como tal quería que se entendiera. Dejó bien claro la polémica de las representaciones que no le agradaba la ubicación de un Niño junto a la Imagen, puesto que Cristo ya estaba representado en esa oveja. De ahí, que en el conjunto de Cantillana se le estofase una estrella en la cabeza de la oveja, reflejando así una de las obsesiones del capuchino fundador.
►Una túnica talar o de color purpúreo. El estofado de la túnica de la imagen de Cantillana es de color púrpura o rojizo, como en las pinturas primitivas
►Sobre ella un pellico que cubriendo el pecho y la espalda, como los pastores lo visten, baja un poco de la cintura. La imagen de Cantillana posee también de esta forma la pellica, cubriéndole el pecho y bajando ligeramente de la cintura.
►Ceñida por la cintura. La pellica de la imagen de Cantillana queda ajustada a la cintura por un cíngulo anudado que la ciñe. Es preciso percatarse de la posición de la lazada, en el centro, levemente desplazada hacia la derecha; detalle apreciable en otras pinturas del XVIII, como en el boceto de la primitiva pintura que se conserva en el Convento de Capuchinos de Sevilla, o la primitiva que posee la Hermandad de la Divina Pastora de Santa Marina, o la del simpecado fundacional de la Hermandad cantillanera.
►Tiene un manto o mantilla que, terciando una punta en el brazo izquierdo, cubre la espalda, y la otra punta sale un poco por debajo del brazo derecho. La imagen de Cantillana posee el manto de la misma forma, exceptuando la terminación de éste, puesto que no concluye debajo del brazo derecho sino que se prolonga sobre las piernas para terminar recogido junto al lado izquierdo de la peña. No obstante, debajo del brazo derecho el manto se vuelve adoptando un volumen similar a las primitivas representaciones. Debemos tener en cuenta que el imaginero debió dejar su impronta al prolongar el manto sobre las piernas, respetando el deseo de fray Isidoro al disponer el manto a su paso bajo el brazo derecho de la misma forma que el boceto o la pintura primitiva. El manto de la Divina Pastora de Arcos de la Frontera adopta la misma forma que el de la talla de Cantillana, con dobleces y volúmenes muy parecidos. En La mejor Pastora Asunta nos dice que el manto debe ser celeste, mientras que el de la imagen de la Divina Pastora de Cantillana es verde. Debemos pensar que fray Isidoro no debió insistir mucho en el color del manto, puesto que en el informe de La vida del Padre Oviedo, posterior a La Pastora Coronada y La Mejor Pastora Asunta no dice nada al respecto. Probablemente, Gijón o uno de sus discípulos debieron seguir el criterio del fundador, pero prefirieron estofar el manto en tonalidades verdes, como en el caso de la Virgen Niña de la Iglesia de la Magdalena de Sevilla, que tan estrecha relación establece con la imagen de Cantillana.
► Entre el cual brazo y el pecho tiene un cayado pastoril. Esta anotación se practicaba preferiblemente en las pinturas, ya que ni en las imágenes de candelero, ni mucho menos en las de talla, podía encontrar fácil estabilidad el cayado, prefiriendo su ubicación en la mano izquierda.
► El sombrero lo tiene caído a la espalda, y afianzado con una cinta en el pellico al cuello. Tallas íntegras como la de Cantillana debieron disponer así del sombrero, aunque al ser toda de talla y por ello aumentar la dificultad de amarre, pudo también colocarse al lado de la imagen. No obstante, pronto se impondría la moda del tocado sombreril, entre finales del siglo XVIII y primeros del XIX. De ello, la imagen de Cantillana ha sido un claro exponente.
► En la cabeza tiene una sutilísima toca. En el caso de las imágenes, se prefirió en la mayoría de los casos dejarlas con el pelo al descubierto, para cubrírselo mediante una toca confeccionada textilmente. Las fotografías más antiguas de la Divina Pastora de Cantillana demuestran que era costumbre colocarle una toca o mantilla, preferiblemente bajo el sombrero.
► Y el cabello tendido por la espalda, con una o dos crenchas, que caen sobre el hombro y brazo derecho. Es una de las anotaciones que más nos sorprende al apreciarla en la imagen de Cantillana, pues ésta cumple exactamente lo dictado: el cabello lo tiene tendido por la espalda, mientras que sobre el hombro derecho salen dos crenchas, una que resbala sobre el brazo y otra que cae cerca del pecho, exactamente igual que la pintura primitiva conservada por la Hermandad de la Divina Pastora de Santa Marina o el boceto primitivo venerado en el Convento de Capuchinos de Sevilla.
Ateniéndonos al análisis anterior debemos afirmar que la imagen de la Divina Pastora de Cantillana encarna la iconografía pastoreña por la que tanto se desveló fray Isidoro de Sevilla. Si no fue éste, alguien muy cercano a él o muy fiel a sus directrices iconográficas debió guiar su ejecución, lo que sirve de acicate para determinar la relación de los orígenes de la Hermandad cantillanera con fray Isidoro de Sevilla. Tras haber expuesto en La vida del padre Oviedo las líneas iconográficas, fray Isidoro daba el siguiente dictamen que, referidos a la imagen primitiva de la Hermandad de la Pastora de Santa Marina, podemos aplicarlo perfectamente a la imagen de Cantillana:
Esta es la imagen verdadera de María Santísima, como Pastora, que fundándose en la Sagrada Escritura y en la autoridad de muchos santos padres, sacó a la luz la afectuosa devoción de los capuchinos de Andalucía el año 1703. [...] Y está aprobada por nuestro amantísimo padre Clemente Undécimo, cuya Beatitud ha concedido a su Hermandad las indulgencias, que se conceden a las Hermandades más celebres del orbe. De aquí se sigue, que si se pintase o se esculpiese otra alguna imagen, añadiéndole, o quitándole algo, que no sea como lo que llevamos referido, no se puede llamar Pastora, aunque más Pastora la voceen, ni se puede decir que está aprobada por el Pontífice, pues sólo aprueba, la que tiene el traje, que llevamos mencionando y no las que, añadiéndole, o quitándole algo, varían de la primitiva imagen. Ni tendrán las gracias e indulgencias, que a la Hermandad de la primitiva imagen le concedió dicho sumo Pontífice.
Podemos concluir así, que en Cantillana vociferamos a la Madre de Dios como Pastora, tal y como indicaba insistentemente fray Isidoro de Sevilla.
Rvdo. Álvaro Román Villalón, Pbro.
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